Información - Remedio natural para las molestias del climaterio - Artículo Informativo de Christian Stromberger

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Christian Stromberger

Remedio natural para las molestias climatéricas

Editorial Natur und Gesundheit

Las instrucciones y recomendaciones que figuran en este artículo han sido verificadas y sopesadas minuciosamente. No obstante, su propósito es meramente informativo y no pretende ser una guía para el autodíagnóstico. Así pues, en presencia de enfermedades de cualquier tipo, debe consultarse siempre con un médico o terapeuta. Por esta razón, y aun cuando la información ha sido verificada y contrastada, el autor no se hará responsable de reclamaciones de cualquier índole en relación al uso que cada persona pueda darle al contenido de esta información.


ÍNDICE
Alimentos Funcionales. Un nuevo concepto
Remedio natural para las molestias climatéricas
Molestias durante la menopausia
Isoflavonas y lignanos, fitoestrógenos de origen vegetal
Espectro de actividad de las isoflavonas y los lignanos
Fitoestrógenos también para hombres
Nuevos estudios
Aporte óptimo de fitoestrógenos
Soja y técnicas de manipulación genética
Conclusión
Bibliografía




Alimentos funcionales. Un nuevo concepto

Lo primero que cabría preguntarse es qué son los alimentos funcionales, y lo cierto es que no existe un acuerdo que defina de forma precisa este término. Muchos especialistas en nutrición y en medicina piensan que se trata de un concepto que está aún en desarrollo. Lo cierto es que son ya numerosas las investigaciones que demuestran que muchas de las enfermedades que padecemos son consecuencia de la alimentación. Algunos de estos estudios se han desarrollado en términos comparativos, analizando las causas del porqué poblaciones de nuestro planeta padecen de enfermedades que otras sufren en menor medida, llegando a la conclusión de que el estilo de vida y sobre todo el tipo de alimentación son el origen de estas diferencias.

Si la nutrición influye tan directamente sobre la salud, ha de haber ciertamente alimentos con sustancias que intervienen funcionalmente en nuestro estado de salud, es decir, "alimentos funcionales". Así pues, un alimento funcional podría definirse como cualquier alimento en forma natural o procesado que, además de sus componentes nutritivos, contiene componentes adicionales que favorecen la salud y la capacidad física y mental de las personas.

La idea de los alimentos funcionales fue desarrollada en Japón durante la década de los 80 y, hoy en día, es Japón el único país que ha formulado un proceso regula-torio específico para la aprobación de los alimentos funcionales, conocidos como alimentos para uso de la salud ("foods for specified health use"). En el resto de los países la categoría de alimentos funcionales no está reconocida legalmente; sin embargo, algunas universidades, como la de Illinois, han iniciado ya programas para el estudio de esta interesante área de las ciencias de los alimentos y la nutrición.

Algunos de los estudios a los que hacíamos referencia han determinado que el consumo de productos elaborados a base de vegetales ricos en fitoestrógenos, como el lino y la soja, son la causa de que las poblaciones orientales tengan menor riesgo de padecer cánceres hormonodependientes como el cáncer de mama, de útero, de ovario y de próstata, además de ser el origen de la baja frecuencia, en la mujer oriental, de padecer toda la sintomatología asociada a los problemas pre y post menopáusicos.

Como resultado, la prevención de ciertas enfermedades a base de incorporar determinados alimentos vegetales en la dieta diaria es vista cada vez más como una opción válida, lo que ha dado lugar al desarrollo de productos diseñados para cubrir necesidades de salud específicas, como es el caso, por ejemplo, de los concentrados de fitoestrógenos para el control de los problemas pre y post-menopáusicos, que es el tema principal de este libro.

Remedio natural para las molestias climatéricas


Los sofocos, los trastornos del sueño y los estados de agotamiento son síntomas que afectan frecuentemente a las mujeres durante el climaterio. Sobre todo los sofocos y las crisis de sudoración son muy desagradables para ellas, dado que en la mayoría de las ocasiones aparecen de manera imprevista y en los momentos menos oportunos. Aparte de estas molestias, en realidad inocuas pero muy desagradables, aumenta, sobre todo después de la menopausia, el riesgo de padecer osteoporosis, así como la probabilidad de aparición de procesos cancerígenos, a medida que la mujer avanza en edad.

La práctica corriente de la medicina académica consiste actualmente en la administración de preparados hormonales para prevenir las molestias climatéricas, la osteoporosis y el cáncer. Si bien, mediante esta medicación, síntomas como por ejemplo los sofocos desaparecen en su mayoría, cabe plantearse la pregunta: ¿con qué consecuencias? El tratamiento hormonal con estrógenos durante y después de la menopausia es aún relativamente reciente y, desafortunadamente, no se dispone todavía de observaciones a largo plazo. En investigaciones científicas se advierte constantemente que la sustitución estro-génica durante la menopausia, y sobre todo después de la misma, puede elevar ei riesgo de contraer cáncer de mama u otros tipos de cáncer hormonodependientes. A pesar de este peligro, las hormonas siguen prescribiéndose. En consecuencia, las mujeres involucradas deben sopesar minuciosamente los beneficios y los riesgos de una sustitución estrogénica.

El metabolismo hormonal es un sistema tan sensible que conviene reflexionar antes de cualquier intervención sobre el mismo. La práctica actual, consistente en prescribir un preparado hormonal a cualquier mujer a partir de los 40 años de edad, no es, con toda certeza, la vía de solución más adecuada.

Molestias durante la menopausia

Cualquier mujer (y naturalmente también cualquier hombre) experimenta en la vida un determinado ciclo, cuya regulación tiene lugar predominantemente por vía hormonal. En este ciclo, participan una gran proporción de hormonas diferentes. En la mujer, el papel importante recae principalmente en los estrógenos.

Mediante la elevación de la producción de estrógenos, a partir de los 12 años aproximadamente, se inicia la pubertad. Durante los 25 años siguientes, el nivel estro-génico permanece elevado de forma relativamente constante, y sólo en torno a los 40 años es cuando empieza a declinar.

La razón de la declinación estrogénica estriba en que en los ovarios maduran cada vez menos folículos (óvulos) productores de estrógenos. Al principio de este proceso, la hipófisis (esa especie de centro de distribución hormonal ubicada en el cerebro) intenta estimular de nuevo la producción de estrógenos en los ovarios mediante la acción de dos hormonas (la FSH y la LH). Sin embargo, este objetivo se logra sólo de manera parcial y el nivel de estrógenos sigue descendiendo irremediablemente, a medida que disminuye el número de folículos maduros.

La secreción de la FSH y la LH tiene lugar generalmente por impulsos, causando, en consecuencia, sofocos de aparición repentina en el organismo. Ésta es también la causa de las desagradables crisis de sudoración.

Existen también otro tipo de molestias que son ocasionadas por la carencia de estradiol (la forma estrogénica más activa) y progesterona (una hormona femenina). Cuando hablamos de carencia, nos referimos, como es natural, a carencia en un sentido patológico. La reducción durante la menopausia es un proceso completamente natural.

¿Cuáles son, en realidad, las consecuencias de la declinación de los niveles de estrógeno y progesterona?

En general se produce un incremento de la excreción de agua y sal, cuya consecuencia es a menudo una piel flaccida. Debido a ello, a veces las cremas faciales también incluyen estrógenos con objeto de suavizar la piel.

La carencia de estradiol acelera la disminución de la masa ósea. Se intensifica la pérdida de sustancia ósea, que es causa de una reducción de la densidad del hueso. Esto conduce al cuadro clínico de la osteoporosis. La falta de actividad física y un aporte deficitario de calcio acelera dicha destrucción ósea. La naturaleza insidiosa de la osteoporosis estriba en que empieza a percibirse su presencia cuando ya es demasiado tarde. En el curso de años, los huesos pierden sustancia y se vuelven consiguientemente frágiles, razón por la que cada año, en Alemania, 300.000 personas, sobre todo mujeres, sufren de fractura del cuello de fémur como consecuencia de la reducción de la densidad ósea.



Isoflavonas y lignanos, fitoestrógenos de origen vegetal

Desde hace más de 5.000 años se conoce la existencia del haba de soja (Glycine max) que constituye un componente alimentario principal en países asiáticos. En estudios epidemiológicos se ha demostrado que las mujeres asiáticas apenas experimentan molestias climatéricas, la osteoporosis es prácticamente desconocida y el riesgo de contraer cáncer de mama u otros tipos de cáncer dependientes de las hormonas, como el de ovario o cuello de útero, es relativamente menor que en las mujeres occidentales.

No puede hablarse en este caso de una ventaja genética, dado que el riesgo de contraer cáncer de mama aumenta considerablemente cuando estas mujeres, que por razones de emigración residen en otros países, se abstienen de seguir sus hábitos alimentarios tradicionales e ingieren una nutrición típicamente occidental, es decir, desprovista de productos derivados de la soja y de cereales, por lo que las isoflavonas contenidas en las habas de soja y los lignanos contenidos en las semillas de ciertos cereales, como el lino, son determinantes.

¿Qué son las isoflavonas y los lignanos?
Se trata de una especie de estrógenos vegetales, los llamados fitoestrógenos, que actúan de manera similar a los estrógenos humanos sin producir un efecto tan potente como éstos. La actividad estrogénica de los fitoestrógenos corresponde al 0,1% aproximadamente de la actividad de los estrógenos fisiológicos. Sin embargo, este efecto más débil puede ser perfectamente compensado mediante un mayor aporte de fitoestrógenos (50 mg entre isoflavonas y lignanos).

Al grupo de los fitoestrógenos pertenecen también los lignanos, que aparecen principalmente en las semillas del lino y, en concentraciones más bajas, en el cascabillo de los cereales. Los lignanos, poseen un espectro de actividad muy similar al de las isoflavonas aunque diferente en algunos aspectos, siendo la combinación entre isoflavonas y lignanos el mejor modo de dotar al organismo femenino de una óptima provisión de fitoestrógenos vegetales.




Espectro de actividad de las isoflavonas y los lignanos

Las dos clases de isoflavonas preponderantes son la genisteína y la daidzeína. Los lignanos son compuestos químicos de menor peso molecular.

Según datos obtenidos de recientes investigaciones, estos dos tipos de fitoestrógenos actúan principalmente como:
1. Estrógenos
2. Antiestrógenos
3. Inhibidores de las enzimas del cáncer
4. Antioxidantes
5. Inmunoestimulantes

Efecto estrogénico
Las isoflavonas y los lignanos reciben la denominación de estrógenos no esteroideos, en contraste con los estrógenos fisiológicos que pertenecen al grupo de las hormonas esteroideas. Las isoflavonas y los lignanos son similares en su estructura química a los estrógenos humanos, si bien sus efectos no son tan potentes como los de éstos.

Un efecto principal de las isoflavonas y los lignanos es la estimulación del metabolismo óseo. La ingestión de productos como concentrados de soja y semillas de lino fomenta el depósito de calcio en los huesos e incrementa subsiguientemente la densidad ósea, lo que reduce considerablemente el riesgo de osteoporosis. Naturalmente,es conveniente, además, fomentar la adherencia del calcio practicando algún deporte ligero e incorporando calcio abundante en la dieta, y todo esto ha de hacerse preferentemente con carácter preventivo, antes de que la osteoporosis sea ya incipiente.

En caso de ausencia relativa de estrógenos fisiológicos, los fitoestrógenos pueden actuar también como sustitutos. Por ejemplo, después de una histerectomía (extirpación del útero y los ovarios) pueden representar una buena alternativa a los estrógenos esteroideos, lo cual está siendo utilizado ya en algunas clínicas del norte de Europa.

A través de su efecto, similar al de los estrógenos, las isoflavonas y los lignanos contribuyen también a disminuir los molestos sofocos del climaterio. La ventaja de los fitoestrógenos reside en que su acción no es tan potente como la de los estrógenos humanos, si bien medíante el aumento del aporte (alrededor de 40 a 50 mg de fitoes-trógenos/día) puede muy bien obtenerse el resultado pretendido, y sin riesgo, además de indeseados efectos secundarios.

Ésta es la razón por la cual las mujeres japonesas, y de otras culturas orientales que consumen productos ricos en fitoestrógenos vegetales, sufren mucho menos los efectos de la menopausia que las mujeres de países occidentales.

Efecto antiestrogénico
Aunque el efecto estrogénico de las isoflavonas y los lignanos representa sólo el 0,1% del efecto de los estrógenos esteroideos, poseen, sin embargo, un potente efecto antiestrogénico. Es decir, ocupan, en células determinadas, receptores a los que se acoplan normalmente los estrógenos, e influyen de este modo sobre el metabolismo hormonal.

Dado que uno de los efectos de los estrógenos es la estimulación del crecimiento celular, no puede excluirse que los estrógenos pudieran inducir también algún tipo de cáncer. No obstante, cuando los receptores están ocupados por los fitoestrógenos, las células no pueden ser estimuladas en sentido de un crecimiento incontrolado.

Efecto inhibidor de enzimas del cáncer
Recientes estudios han demostrado que las isoflavonas y los lignanos reducen de manera considerable el riesgo de cáncer, dado que inhiben la actividad de la tirosin-cinasa, una enzima que estimula el crecimiento de las células cancerosas. Además, se dispone de datos a favor de que la genisteína inhibe la formación de los nuevos vasos sanguíneos necesarios para que los tumores sean abastecidos de sangre. De este modo, los tumores no pueden seguir creciendo al no disponer de nutrientes suficientes. Las células cancerosas requieren sobre todo glucosa (azúcar) para su metabolismo, que, al contrario de lo que acontece en una célula sana, no es "quemada" mediante oxígeno (combustión lenta), sino que experimenta una fermentación.

Esto podría ser también una de las razones por la que las poblaciones que consumen dietas tradicionalmentericas en productos de soja, lino y brécol, raramente experimentan cáncer de las glándulas mamarias, del útero, de ovarios y de próstata.

Efecto antioxidante
Los antioxidantes son sustancias capaces de inactivar moléculas de oxígeno reactivas (los llamados radicales libres). Como antioxidantes, las isoflavonas presentan, entre otras características, la capacidad de impedir daños al plasma germinativo de las células, reduciendo de este modo al mínimo el riesgo de cáncer, dado que se reduce el peligro de una degeneración celular.

Por otra parte, la genisteína parece incrementar los productos fisiológicos de una enzima, la llamada superóxidodismutasa (SOD), que captura radicales de oxígeno.

Efecto inmunoestimulante
Las células defensivas no son siempre capaces de actuar de manera eficaz contra microorganismos "invasores" como virus, cierto tipo de bacterias o incluso células degeneradas, apareciendo, en consecuencia, posibles enfermedades de diversa etiología. Estudios en vivo e invitro han demostrado que la daidzeína activa las células defensivas fisiológicas, estimulando sobre todo los macrófagos (células devoradoras) y los linfocitos (glóbulos blancos), cuya función es indispensable para mantener un sistema inmunitario óptimo. Isoflavonas, lignanos, y en este caso sobre todo la daidzeína, pueden contribuir a intensificar la actividad de las células defensivas, reforzando nuestro sistema inmunológico.

Fitoestrógenos también para hombres

Además de los efectos ya mencionados, las isoflavonas y los lignanos influyen también sobre el metabolismo hormonal masculino. A partir de los 45 años, los hombres experimentan a menudo un crecimiento de la próstata. Los hombres afectados presentan problemas en la micción y en ocasiones se produce también una degeneración celular, originando una tumoración que al comienzo suele ser benigna. Los fitoestrógenos son capaces de inhibir este crecimiento (desencadenado por la dihidro-testosterona) al bloquear la acción de la enzima que se encarga de transformar la testosterona en dihidrotestos-terona.

En Japón, un país donde el consumo de soja y productos elaborados con cereales es muy elevado, el índice de cáncer de próstata es 5 veces menor que en EE.UU., un país en el que apenas se consumen fitoestrógenos. Y es en este último país, precisamente, en el que durante estos últimos años se han efectuado numerosos estudios que demuestran la actividad extraordinaria de los alimentos ricos en fitoestrógenos como el haba de soja y las semillas de lino.

Nuevos estudios

Un grupo de científicos australianos compararon el contenido en fitoestrógenos de la sangre, la orina y la alimentación de mujeres a las que recientemente se había diagnosticado cáncer de mama con el contenido en fitoestrógenos de mujeres sanas. Las mujeres con un elevado contenido en fitoestrógenos, referido a la cantidad excretada, presentaban un riesgo real de contraer cáncer de mama considerablemente inferior.

En un estudio efectuado en la Universidad de Illinois (EE.UU.) se investigó la influencia de isoflavonas y lignanos sobre la densidad ósea de mujeres menopáusicas. Las mujeres recibieron a diario entre 55 y 90 mg de fitoestrógenos y, al cabo de 6 meses, el director del estudio, Dr. John W. Erdman, pudo comprobar una elevación significativa de los minerales óseos y la densidad ósea en la columna vertebral. Como comprobante se observó que las mujeres del grupo de control no se beneficiaron de ningún incremento en su densidad ósea. En otro estudio realizado en la Facultad de Medicina Bowman Gray de Wiston-Salem, tras la administración de fitoestrógenos vegetales se observó una reducción en la presión arterial y en el contenido de colesterol en sangre, no explicable por otra razón. Además disminuyó considerablemente la frecuencia de los sofocos típicos del climaterio.

Aporte óptimo de fitoestrógenos

Las necesidades exactas de fitoestrógenos son difíciles de determinar. Sobre la base de numerosos estudios se ha estimado que la dosis diaria más adecuada es de 45 a 50 mg (el aporte medio en EE.UU. a través de la alimentación se sitúa sólo en torno a 5 mg/día).

Para satisfacer esta cantidad es preciso ingerir diariamente 100 g (¡peso en seco!) entre habas de soja y semillas de lino, 1 litro de leche de soja o 400 g de tofu. Sin embargo, y dado que se trata de recomendaciones difíciles de encajar en nuestros hábitos alimentarios occidentales, parece más adecuado ingerir los fitoestrógenos en forma de extractos de haba de soja y semilla de lino, cuyo contenido en isoflavonas y lignanos es mucho más elevado que el de productos alimenticios normales. El extracto tiene también la ventaja de que no provoca flatulencias, muy habituales, sin embargo, cuando se consumen habas de soja frescas. No obstante, es recomendable incorporar frecuentemente productos de soja y de granos integrales a la dieta diaria, y procurar también una nutrición de gran calidad, abundante en verduras, frutas y cereales.

En cuanto al alivio de toda la sintomatología asociada al periodo menopáusico, es necesario mencionar que el efecto de las isoflavonas y los lignanos no se aprecia de inmediato, antes es preciso alcanzar en el organismo un determinado nivel de fitoestrógenos, y para que esto ocurra es necesario ingerir durante varias semanas unos 50 mg de fitoestrógenos al día, preferentemente en dos tomas diarias de unos 25 mg. Los últimos estudios realizados a este respecto indican que tomar mayores cantidades diarias no implica que se consiga el nivel estrogénico deseado con mayor rapidez, ya que a partir de una cierta cantidad de fitoestrógenos el organismo comienza a desechar la parte en exceso.

Para que la lucha contra la osteoporosis sea aún más eficaz debemos procurar un buen aporte de calcio y vitamina C. La vitamina C intensifica la actividad de los oste-oblastos (células que construyen el tejido óseo) e incrementa la síntesis de colágeno. La base para conseguir huesos sanos y resistentes, sobre todo durante la menopausia, es un aporte suficiente de calcio, que deberá de procurarse antes de que ésta aparezca. Las necesidades mínimas se sitúan en torno a 800 mg al día, siendo la cantidad óptima de 800 a 1.500 mg. El calcio debe ingerirse siempre conjuntamente con magnesio con objeto de que no se produzca un desequilibrio del balance magnesio-calcio. Además debería realizarse una actividad física suficiente, preferiblemente a través del deporte. La actividad física regular es la condición indispensable para una formación estable de hueso. A través del deporte, el cuerpo es estimulado a incorporar una mayor cantidad de calcio a los huesos, y dado que las isoflavonas y los lignanos propician los depósitos de calcio, es muy recomendable ingerirlas conjuntamente con calcio y magnesio, además de vitaminas antioxidantes como la vitamina C y la vitamina E.

Soja y técnicas de manipulación genética

En la actualidad son muchos los productos que se cultivan cuyas semillas han sido sometidas a manipulaciones genéticas, siendo el cultivo de soja transgénica uno de los más extendidos, razón por la que hoy en día la planta de soja es una de las más difíciles de encontrar sin que haya sufrido manipulaciones genéticas. La causa está en los numerosos productos que se comercializan que incluyen soja en su composición, por lo que la demanda es muy alta, y mediante el cultivo de soja transgénica se garantizan elevados niveles de producción.

Dado que la técnica de la manipulación genética es aún relativamente reciente, apenas pueden preverse actualmente las posibles consecuencias derivadas de la ingestión de productos transgénicos. En consecuencia, si prefiere asegurarse y no participar de dicha incertidumbre, en el momento de adquirir un producto que contenga soja cerciórese de que se trata de soja cultivada con semillas que no hayan sido manipuladas genéticamente.

A causa del resurgimiento de una fuerte demanda de soja no transgénica, existen varios fabricantes que fabrican también extracto de soja procedente de habas de soja sin manipulación genética, con el que han querido satisfacer esa demanda ocasionada por un cierto sector de la población preocupado por la inseguridad en las consecuencias de los productos transgénicos.




Conclusión

Como hemos podido ver, el haba de soja y las semillas de lino son alimentos que, además de su valor nutritivo, se caracterizan por contener sustancias parecidas a las hormonas humanas, denominadas fitoestrógenos, que en cantidades suficientes pueden contribuir a paliar algunos problemas de salud.

Así pues, un producto elaborado a base de extractos de haba de soja y semillas de lino, destinado a ofrecer de manera concentrada cantidades suficientes de estos fitoestrógenos naturales, es lo que podríamos denominar un alimento funcional, cuya función, en este caso, es la de prevenir la osteoporosis, principalmente durante la menopausia, y sobretodo mitigar, incluso eliminar, todas las molestias asociadas al climaterio femenino, máxime si se toma de manera regular a partir de los 40 años.




Bibliografía

-Vasconcellos, Dr. J. Andrés: Alimentos Funcionales. Conceptos para la salud. Departamento de Ciencias de Alimentos y Nutrición, Universidad Chapman, Orange, California, U.S.A. -Watzi, Leitzmann: Bioaktive Substanzen in Lebens mitteln, Hipócrates Verlag. -Albertazzi, P.: "The effect of dietary soy supplements on hot flashes". Obstetrics and Gynecology 1998.

- Erdman, J.W.: "Short term effects of soybean isoflavone on bone in postmenopausal women". Second International symposium on the Role of Soy in preventing and treating chronic diseases 1996 sept. 15-18.

- Ingram, D.: "Case control study of photooestrogens and breast cáncer". Lancet 1997.

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