¿Qué es el dolor y cómo tratarlo de forma natural?

Una de las pocas cosas en las que todos estamos de acuerdo es que hemos sentido dolor en muchas ocasiones. Otra de las cosas en las que casi estamos también de acuerdo es que el dolor no nos ha gustado lo más mínimo. Pero ¿qué es el dolor y cómo tratarlo?

¿Qué es el dolor?

El dolor se define como una sensación con componente objetivo y subjetivo que resulta desagradable. Además, lo puede experimentar cualquier ser vivo que posea sistema nervioso.

Lo curioso es que es una de las causas que más consultas y preguntas provocan. Tanto es así, que en muchas ocasiones estamos más preocupados por el propio dolor que por el problema que pueda llevar asociado.

¿Por qué se produce el dolor?

En definitiva el dolor es una señal del sistema nervioso que nos dice que algo no funciona bien. Puede deberse a un daño de los tejidos o de los órganos o bien de un aviso de que en esa zona se puede producir una lesión.

Si nos duele el estómago, el caso es el primero y nos hace pensar que algo está fallando en el estómago. Sin embargo, si acercamos el dedo a una vela encendida, la sensación de dolor es más aguda, no dando cuenta del daño producido, sino del que se producirá si no apartamos rápidamente la mano del fuego.

Se trata, en definitiva, de una señal de alarma. Cuando algo duele, o no funciona bien o va a dejar de funcionar adecuadamente. Por lo tanto, en cualquiera de los casos, debe averiguarse el motivo.

Identificar la causa del dolor

Pero a veces el dolor despista del problema principal. Se dice que el dolor agudo suele tener una causa fácilmente identificable. Y efectivamente es así, pero el problema es cuando se queda en el “casi”.

Hay ocasiones en las que un dolor en el cuello no nos habla de un problema originado en el cuello, sino en la zona lumbar, algo que saben muy bien masajistas, osteópatas y fisioterapéutas. Otras en las que un dolor de espalda puede estar llamando la atención, no sobre la propia espalda, sino sobre los pulmones.

Es por eso por lo que lo adecuado no es acabar con el dolor como tal usando analgésicos u opiáceos, sino indagar en la causa. Tenemos que averiguar lo que lo está provocando. Bien es cierto, que para mejorar la calidad de vida del enfermo durante el proceso, es admisible la utilización de productos que alivien o mitiguen esa desagradable sensación.

Por ello, siempre que se tenga un dolor que no se haya identificado directamente (una torcedura, o un dolor que remite por sí mismo) y más aún si no desaparece con cierta rapidez, se deben dejar de lado los productos que lo mitigan y acudir a un profesional de la salud. Se otra manera sería tan absurdo como apagar la alarma de una casa en llamas en lugar de llamar a los bomberos.

Tipos de dolores

No todos los dolores son iguales y evidentemente no todos deben ser considerados igual. Los dolores agudos, como he dicho antes, suelen ser más fácilmente identificables y responden bien a un daño actual o a uno próximo (torcedura, quemadura, dolor articular por gripe, etc.).

Los dolores crónicos pueden ser más esquivos en su tratamiento, ya que pueden seguir activos incluso cuando la causa del dolor ha desaparecido. Los nervios se han hipersensibilizado y sobreexcitado y continúan enviando señales al cerebro. En este caso, puede llegar a considerarse como una patología, ya que el problema principal ya está inactivo. No obstante, la propia sensación dolorosa empeora la calidad de vida de la persona. En estos casos es primordial saber si se trata de uno o de otro caso.

Paralelamente, el dolor puede ser lacerante, congestivo, pulsante, continuo, etc. y mejorar o emporar con el movimiento o la estaticidad, el frío o el calor. Incluso, la época del día o del año. Todos estos datos son imprescindibles para las técnicas naturales, especialmente para la homeopatía, ya que nos hablan de la manera de reaccionar del cuerpo ante el daño (activo o ya inactivo). Por ello, el camino que se debe seguir para devolver al cuerpo el equilibrio en ese sentido.

¿Cómo tratar el dolor de forma natural?

Teniendo siempre en cuenta que debe ser evaluado por un profesional para evitar males mayores y que no debe ser eliminado directamente. Con la excepción de ciertos casos en los que se tenga claro el motivo y el camino a seguir. Para ello, podemos encontrar varias ayudas.

En fitoterapia contamos con:

  • Árnica (Arnica Montana): contraindicada en heridas abiertas y dermatitis en uso tópico y debiendo reservarse su uso interno bajo consejo profesional debido a su toxicidad.
  • Harpagofito (Harpagophytum Procumbens): especialmente indicado en problemas articulares como artritis, artrosis y enfermedades reumáticas. Está contraindicado en embarazo, gastritis, úlceras gastroduodenales y colon irritable.
  • Corteza de Sauce (Salix Alba): contraindicada en úlceras gastroduodenales, hemorragias, tratamientos con derivados del ácido acetil salicílico y tratamientos con anticoagulantes.

En homeopatía podemos contar con

  • La ya mentada Arnica Montana: (golpes, traumatismos y dolores con inflamación en los que la persona evita el contacto en la zona afectada).
  • Bryonia Alba (dolores que mejoran con la estaticidad y empeoran con el movimiento).
  • Rhus Toxicodendron (al contrario que la Bryonia, mejora con el movimiento y empeora con la estaticidad).
  • Hypericum Perforatum (dolores neurales que recorren el tracto nervioso desde abajo hacia arriba).
  • Kalmia Latifolia (al contrario del Hypericum, el dolor va de arriba a abajo).
  • Colocynthis (dolores espasmódicos que mejoran doblándose sobre sí mismos).
  • Chamomilla (dolores que mejoran meciéndose o balanceándose).

Debemos recordar que el dolor es una señal de alarma y debemos tener lo más claro posible el motivo de esa alerta. De lo contrario podemos estar infravalorándolo. [1]Datos de las contraindicaciones de las plantas extraídos de: Fitoterapia, Vademécum de Prescripción. Masson S.A. Netaldea S. L. Colegio Oficial de Farmacéuticos de Bizkaia. Asociación Española … Continuar leyendo

Referencias[+]

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