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Caronetoides
naturales
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Limonoides
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Clorofila
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Saponinas
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Fitosteroles
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Ubiquinona o CoQ10
COMPUESTOS
AZUFRADOS
- Heterósidos
sulfocianogenéticos
- Tiosulfonatos
Indoles
- Ácido alfa lipoico
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FITOQUÍMICOS:
NUTRIENTES DEL FUTURO
Mikel García Iturrioz. Director Técnico de Solgar
España
FENOLES
Son derivados hidroxilados de carburos aromáticos. Es
una amplia familia que posee más de 4.500 miembros. Dentro
del grupo de los fenoles estarán los ácidos fenólicos
(p.e. ácido elágico) y la amplia familia de los
flavonoides, entre otros. Los compuestos más simples son
unidades individuales de fenol que se encuentran de forma abundante
en las hierbas culinarias, se incluyen el apio¡ (que se
encuentra en eneldo y perejil) y el carvracol (orégano).
Todos ellos tienen una larga historia de utización como
conservantes de los alimentos.
Las
coloraciones azul, azulgrana y violeta que se observan
en las bayas, uvas y berenjena púrpura se deben a su
contenido fenólico. Los arándanos, por ejemplo,
tienen una concentración elevada de antocianidinas fenólicas
y son de color rojo. Los fenoles protegen a las plantas del
daño por oxidación y realizan la misma función
en los humanos.
Inicio
Ácidos fenólicos
La granada tiene una gran variedad de componentes, entre
ellos el ácido elágico (que es un ácido fenólico)
y ciertos alcaloides, que se ha demostrado que inhiben a
las bacterias patógenas, los virus y los hongos. De
hecho, con respecto a sus propiedades fungicidas, la investigación
ha demostrado que producen una total inhibición de
la infectividad. También se ha logrado inhibir parcialmente
la infectividad del poliovirus, herpes simple y VIH. Los
extractos de granada han demostrado tener capacidad para
incrementar las enzimas de detoxificación de la fase
II (glutatión-S-transferasas) en el hígado.
El ácido elágico ha demostrado tener la capacidad
de proteger al hígado frente a la toxicidad inducida
por agentes químicos y ayudarle a restablecer sus
funciones características. Además parece reducir
los niveles de colesterol total. El ácido elágico
también ha demostrado ser un potente anticancerígeno.
Disminuye la actividad carcinogénica de productos
como el benzopireno. El ácido elágico se une
al ADN protegiéndolo del ataque carcinogénico,
e inhibe las ADN topoisomerasas (cuando estas enzimas se
inhiben, las células cancerígenas mueren).
Su efecto antineoplásico es más eficaz en el
cáncer de esófago y en el de intestino delgado.
También se puede encontrar ácido elágico
en: Uvas rojas, kiwi, arándano azul, grosellas rojas
y negras, fresas, zarzamoras, nueces y frambuesas.
Otros ácidos fenólicos son: ácido gálico
(té verde, vino tinto), ácido rosmarínico
(romero), ácido clorogénico (alcachofa y arándano
azul) y cinarina (alcachofa).
Inicio
Flavonoides
También conocidos coma bioflavonoides, son complejos
multifenólicos por lo que se les denomina polifenoles.
Los fitonutrientes de esta subclase de fenoles, en el pasado
se agrupaban todos juntos como vitamina P, pero existen más
de 1.500 diferentes. Los alimentos procesados y preparados
pierden gran parte de estos elementos delicados y solubles
en agua. Por ello, frecuentemente, se prefieren los extractos
de alimento concentrado ya que poseen hasta 500 veces la concentración
de los principios activos presentes en el material original
vegetal y además estarán libres de otros ingredientes
como el azúcar.
En general
actúan como antioxidantes neutralizando
las moléculas reactivas llamadas "radicales libres".
Estos radicales libres son una de las causas (pero no la única)
de ciertos tipos de cáncer, por lo tanto evitando su
acción podemos disminuir el riesgo de padecerlos. Participan
en la inhibición de la lipoxigenasa, enzima que convierte
el ácido araquidónico en leucotrienos (mediadores
en el asma, alergia e inflamación). Estabilizan el colágeno
(proteína principal en el músculo y en el tejido
conectivo). Intervienen en la inhibición de la transcriptasa
inversa, enzima utilizada por los virus que contienen ARN (p.e.
VIH) para la replicación. También inhiben la
aldoso reductasa, un enzima pivotal que convierte la glucosa
suministrada en exceso al ojo en sorbitol. Se piensa que el
sorbitol, y "polioles" (o polialcoholes) similares,
son la causa de las cataratas de los diabéticos.
Los flavonoides se
clasifican basándose en sus variaciones
estructurales. A continuación se muestra una lista de
los hasta ahora considerados más relevantes:
Flavonas: Apigenina
que se encuentra en la alfalfa y en la manzanilla.
Flavonoles: Uno
de ellos es la quercitina que es un flavonoide no
cítrico
que frecuentemente es extraído,
para la elaboración de suplementos, de
la Dimorphandra mollis que es una planta sudamericana.
Se cree que es el
flavonoide
aislado biológicamente más activo
(los PACs y las antocianidinas no son flavonoides
aislados sino combinaciones
de diferentes flavonoides que aparecen juntos
en algunas plantas).
Inhibe la liberación de histamina y la
formación
de leucotrienos, por lo que reduce las reacciones
alérgicas
e inflamatorias. Podría disminuir el crecimiento
de ciertos tipos de cáncer y proteger
a los pulmones frente a agentes contaminantes
del ambiente y el humo del
cigarrillo.
Inhibe la producción de aldosa reductasa,
una enzima responsable de la conversión
de la glucosa en sorbitol (el sorbitol está muy
implicado en el desarrollo de ciertas afecciones
diabéticas degenerativas tales
como las cataratas). Resultará muy útil
en caso de retinopatía diabética,
así como
en la neuropatía y en la nefropatía
diabética.
Su suplementación provoca un aumento de
los niveles intracelulares de vitamina C. Mejora
la función
inmunológica,
así como la estructura vascular. Posee
una importante actividad antioxidante y es un
potente agente antiviral.
La encontramos en manzanas, peras, cerezas, uvas,
cebollas, brócoli,
lechuga, ajo, té verde, uvas y vino tinto.
Otros flavonoles serán: la rutina, obtenida
del trigo sarraceno y del eucalipto y que resulta
muy adecuada para
mejorar condiciones
como la fragilidad capilar, la insuficiencia
venosa, las hemorroides y la retención
líquida en las
extremidades inferiores y los ginkgoflavoglicósidos
del ginkgo biloba.
Flavononas: Hesperidina,
flavonoide que ser particularmente
activo en la prevención de enfermedades
cardíacas.
Se encuentra en las frutas cítricas,
como limones, naranjas, mandarinas y pomelos.
Flavanololes: Taxifolina
en la corteza de pino.
Chalconas: Son pigmentos
amarillos.
Isoflavonoides: Las
isoflavonas de la soja son uno de los fitoquímicos
más estudiados en
la actualidad por su efecto
fitoestrogénico.
Los compuestos activos
conocidos incluyen la genisteína
y la daidzeína.
En los casos en los cuales el cuerpo
no produce suficiente estrógeno,
como en las mujeres menopaúsicas
y postmenopaúsicas,
el aporte fitoestrogénico,
por medio de las isoflavonas de la
soja, nos aporta una actividad
estrogénica de sólo 1/1.000
de la actividad del estrógeno.
Por lo tanto, puede servirnos como
un aporte suave sin los efectos secundarios
consabidos de la terapia
hormonal sustitutiva (habitualmente
utilizada para evitar la pérdida
de masa ósea). Además,
esta débil
actividad fitoestrogénica permite
a las isoflavonas unirse a los receptores
de estrógeno, evitado la acción
nociva de niveles elevados de estrogenos
al competir por sus receptores (esto
es particularmente útil en los
casos en los que se sabe que la causa
de la enfermedad es un hiperestrogenismo).
Es un hecho demostrado que las poblaciones
que consumen dietas
tradicionalmente ricas en soja sufren
menor incidencia de cánceres
de mama, útero y próstata.
Los estudios muestran que la genisteína
es capaz de reconvertir las células
mutagénicas a su forma original
e inhibir la producción
de enzimas mutagénicas. Son
potentes compuestos antioxidantes e
inhiben la angiogénesis (parece
que su efectividad es superior al cartílago
de tiburón). Favorecen
la inmunoregulación (principalmente
la daidzeína).
Las isoflavonas son ampliamente reconocidas
como cardioprotectoras, de hecho la
FDA (Food and Drug Administration)
de los EEUU
permite realizar indicaciones sobre
los beneficios cardiovasculares que
aporta la soja (el alimento o suplemento
debe aportar al
menos 6,25 gramos de proteína
de soja por servicio, siendo dicha
cantidad la cuarta parte de la dosis
efectiva
de 25 gramos al día) como parte
de una dieta saludable.
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Compuestos relacionados con los flavonoides:
Antocianos (antocianidinas y antocianósidos): Estas sustancias tienen un esqueleto muy parecido al de los catecoles
y al de los flavonoides,
y son intermediarios entre estas dos
categorías de compuestos
por su estado de oxidación.
Son pigmentos rojos, amarillos
y azules de plantas (p.e.
Mirtilo). Presentes en
altas cantidades en los
arándanos y grosellas
rojas y en menor cantidad
en cerezas, kiwis y ciruelas.
Proporcionan enlaces o "puentes" que
conectan y fortalecen las
cadenas entrelazadas de
la proteína de colágeno.
El colágeno es la
proteína más
abundante en el cuerpo,
formando los tejidos blandos,
los tendones, los
ligamentos y la matriz ósea.
Su gran resistencia a la
tensión depende
de la preservación
de sus enlaces. Las antocianidinas,
al ser hidrosolubles, también
barren los radicales libres
que se encuentran en los
tejidos fluidos.
Esto es una poderosa habilidad
especialmente beneficiosa
para los atletas y quienes
realizan ejercicio, ya
que el ejercicio
intenso genera gran cantidad
de radicales libres. Además
poseen virtudes protectoras
contra los síntomas
del envejecimiento y disminuyen
la incidencia de infecciones
del
tracto urinario.
Catequinas
o catecoles: Son derivados
polihidroxilados incoloros de la flavona. Las catequinas difieren
ligeramente
en su estructura
química del resto
de flavonoides, pero comparten
sus propiedades quimioprotectoras.
Las más comunes
son los ésteres
gálicos, llamados
epicatequina (EC), galato
de epicatequina (GEC) y
galato de epigalocatequina
(GEGC). Se encuentran principalmente
en el té verde (Camellia
sinensis), y se cree que
son responsables de los
beneficios de esta bebida.
La principal
aplicación clínica
para el té verde
es la prevención
del cáncer (por
inhibir la formación
de nitrosaminas, suprimiendo
la activación de
carcinógenos
y destoxificando o atrapando
a los agentes causantes
del cáncer).
También se ha demostrado
que potencia la actividad
de la glutatión
peroxidasa y otras enzimas
antioxidantes en el intestino,
el hígado y los
riñones. Las
evidencias sugieren que
el té verde posee
una potente actividad contra
las bacterias patógenas
y los virus, debido a los
efectos directos de las
catequinas y el efecto
indirecto de una subida
en los niveles de glutatión
peroxidasa. Se ha demostrado
que ciertos flavonoides
que aparecen en el té verde
inhiben la liberación
de histamina, compuesto
químico fundamental
en las reacciones alérgicas.
También se pueden encontrar catequinas en
el vino tinto.
Leucoantocianidinas: Son derivados de
la dihidroxi-flavonona.
Taninos condensados o Proantocianidinas (PACs): Los
PACs (proantocianidinas) o OPCs (oligómeros procianidólicos) encontrados
en los extractos de corteza de pino y semilla de uva difieren
mínimamente. La proantocianidina A está presente
tanto en extractos de corteza de pino como en los de semilla
de uva, mientras que la proantocianidina B sólo se
encuentra en el extracto de semilla de uva. El porcentaje
de estos principios activos es ligeramente superior en la
semilla de uva con un 95%, mientras que la corteza de pino
presenta un nivel de PACs de aproximadamente un 85%. La capacidad
antioxidante de los PACs es 20 veces superior que la vitamina
C y 50 veces mayor que la de la vitamina E. Mejoran la resistencia
del tejido conectivo, su flexibilidad y previenen la formación
de enlaces cruzados (adherencias) entre los tejidos debido
al ataque de radicales libres. Según algunos investigadores
evitarían la acumulación en placas del péptido
beta-amiloide, circunstancia relacionada con la enfermedad
de Alzheimer. También
se pueden encontrar proantocianidinas
en las bayas del espino blanco.
Las
frutas orgánicas (p.e. manzana, cereza, ciruela,
albaricoque, nectarina y granada), libres de residuos y solventes
químicos, aportan una fuente excelente de polifenoles
con una alta actividad antioxidante. Estos extractos de frutas
aportan un 40% de compuestos fenólicos. Aunque este
porcentaje es menor al 85-95% que aportan los extractos de
semilla de uva y corteza de pino, estos polifenoles han resultado
ser más potentes.
Inicio
Otros
compuestos fenólicos
Los
curcuminoides de la cúrcuma
(Curcuma tonga) son
fenilpropanoides que contienen
la estructura básica
del fenol más una cadena de tres carbonos como grupo
lateral. La cúrcuma es uno de los principales ingredientes
en el polvo de curry, condimento que ha sido utilizado tanto
en la medicina ayurvédica como en la fitoterapia china.
La cúrcuma tiene una potente acción antioxidante
contra los radicales libres del oxígeno singlete (que
se encuentran principalmente en el humo del tabaco, rayos ultravioleta,
polución ambiental y ozono).
Inhibe la formación de nitrosaminas y aumenta los niveles
de glutation lo cuál le confiere sus propiedades anti-mutagénicas.
Es potente protector hepático, protector lipídico
(evita su oxidación) y anti-microbiano (anti-bacteriano
y antifúngico), y todo ello colabora en aumentar la
duración media de vida de las células corporales.
Además es un reconocido protector cardiovascular (disminuye
el colesterol y la excesiva coagulabilidad sanguínea).
El jengibre (Zingiber officinalis) posee
un tipo de compuestos fenólicos denominados gingeroles. Esta planta ha sido
venerada en Asia desde tiempos inmemorables y en la Europa
medieval se pensó que provenía del Jardín
del Edén.
El jengibre es originario
de muchas partes de Asia,
creciendo en áreas de tierra fértil y lluviosa. Los rizomas
(tallo parecido a una raíz)
son la principal parte
de la planta utilizada
y se desentierran cuando
la planta
tiene
10 meses.
El jengibre tiene la capacidad de mejorar
la motilidad
gástrica
y tener a la vez efectos antiespasmódicos sobre la musculatura
lisa del tracto digestivo, lo cual sugiere que puede ser de
utilidad para el tratamiento de la indigestión, los
gases, la hinchazón y todos los síntomas generales
asociados al síndrome del colon irritable. Además
posee una proteasa que facilitará la digestión
de los alimentos. Diversos estudios demuestran que el jengibre
reduce las náuseas. La investigación indica que
el jengibre mejora el flujo sanguíneo, a través
de un aumento de la temperatura corporal, mediante un efecto
termogénico que provocará la vasodilatación.
Sus componentes tienen un potente poder inhibitorio frente
a la agregación
plaquetaria, disminuyendo
el tromboxano liberado
por las plaquetas (este
hace que se adhieran),
lo que supone un efecto
beneficioso para el tratamiento
de la
arteriosclerosis.
Se ha demostrado que el jengibre reduce
los niveles de colesterol séricos debido a que disminuye su absorción,
estimula su conversión en ácidos biliares y estimula
la secreción de bilis. Esta capacidad apoya su acción
como anticoagulante para mantener la salud del sistema cardiovascular.
Inhibe la liberación de la sustancia P (principal neurotransmisor
responsable de transmitir los impulsos desde los nervios periféricos
y que también activa
los mediadores inflamatorios
en el tejido articular).
Todo ello mejora notablemente
la movilidad
articular.
La
cayena (Capsicum frutescens) también llamada "pimiento
picante" es más conocida por sus usos culinarios
pero es también una planta medicinal. Posee entre sus
principios activos un polifenol denominado capsaicina. La controversia
existente alrededor del uso de la cayena hace referencia al
efecto que produce en las membranas mucosas del tracto gastro-intestinal.
La cayena ha sido muy utilizada para estimular las secreciones
digestivas y supone un apoyo a la función digestiva
en general. La revisión apresurada y a menudo inadecuada
de los datos experimentales ha convencido a algunas personas
de que la cayena puede dañar las células mucosas
e incluso producir úlceras en aquellas personas que
la utilizan diariamente. Esta posición ignora o subestima
generalmente los cientos de úlceras que se han curado
gracias a la cayena. La administración de dosis adecuadas
de cayena o capsaicina, junto con una nutrición adecuada
(baja en grasas y suficientemente rica en proteínas),
no produce daño en la mucosa. Con el tiempo, la mucosa
gástrica se adapta a la estimulación producida
por la cayena; por lo tanto, si se aumenta gradualmente su
consumo partiendo de una cantidad muy pequeña se evita
el daño que se puede producir a la mucosa.
La cayena ofrece además beneficios circulatorios reduciendo
la excesiva coagulación sanguínea, regulando
el flujo sanguíneo, fortaleciendo el corazón,
las arterias y los capilares. Los componentes de la cayena
poseen unos potentes efectos bactericidas que se ve potenciados
por las propiedades estimuladoras del sistema inmune, debidas
al ,contenido natural de esta planta en carotenoides, flavonoides
etc. Los estudios demuestran que la capsaicina inhibe la sensación
de dolor reduciendo y bloqueando la producción de «sustancia
P», que se cree que es el principal mensajero químico
del dolor desde los nervios sensoriales periféricos
hasta el cerebro. La influencia de la cayena sobre la actividad
de las prostaglandinas tiene también relación
con sus propiedades analgésicas. Los efectos analgésicos
son especialmente eficaces con su uso tópico.
El resveratrol (3,5,4’-trihidroxi
estilbene) es un polifenol
del grupo de las ftoalexinas (sustancias que produce la planta
para su defensa). Este compuesto está presente en las
uvas, en los cacahuetes, moras y demás frutos silvestres.
En concreto en la vid es abundante en las partes leñosas
de la planta, los hollejos y en el vino, no así en las
hojas. Entre las uvas, las más ricas en resveratrol
son las uvas tintas (0-2,9 mg/1- en el vino tinto y 0-0,06
mg/L en el blanco). Proviene de la hidrólisis de los ésteres
flavonoides presentes en la piel de la uva principalmente.
Ha sido señalado como agente hipolipemiante, antiinflamatorio
y antiagregante plaquetario. Además estudios realizados
en la Universidad de Illinois sobre tumores de piel en ratones,
determinaron que la acción antiinflamatoria estaría
ligada a la inhibición en la producción de la
enzima carboxioxigenasa, la cual está vinculada en muchas
ocasiones a la generación de sustancias cancerígenas.
Los estudios se realizaron sobre 120 roedores, de los cuales
la mitad recibió productos antracénicos sobre
la piel, cada 2 semanas, a lo largo de 18 semanas; esto determinó la
aparición de cáncer de piel en el 40% de los
ejemplares. El otro grupo también recibió la
misma mezcla, pero previamente habían sido pincelados
con tintura de resveratrol, lo cual permitió que el
88% de los ratones no desarrollara cáncer de piel. Este
compuesto podría ser útil también, en
opinión de los investigadores, en la prevención
del cáncer de colon. Faltaría
terminar de concluir los
estudios a efectos de cuantificar
la cantidad
necesaria
de resveratrol, tanto en
uvas frescas, vinos o jugos
de uva, necesarios para
lograr tal cometido.
Los radicales libres están involucrados
en las reacciones de estrés oxidativo que sufre el organismo.
El organismo extrae los antioxidantes de la dieta para impedir
el descontrol
de estos procesos oxidativos.
Los bien conocidos antioxidantes incluyen vitamina C, beta caroteno,
vitamina E y selenio, los
cuales ayudan a limitar
el daño oxidativo de las células.
Sin embargo, la mayor ingestión
de antioxidantes en la
dieta, en términos
de cantidad, proviene de
los flavonoides, cuya importancia
ha sido a veces pasada
por alto debido al
hecho de que ellos son
corrientemente considerados
como nutrientes no esenciales
y por lo tanto, no se les
asignó una
Cantidad Diaria Recomendada
(CDR).
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