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ENVEJECIMIENTO Y CALIDAD DE VIDA
GERIARTRÍA
EN EL SIGLO XXI
Ninguno de nosotros puede correr tan deprisa, lanzar tan
lejos u oír tan bien a los cincuenta años como a los
veinte. Enve¬jecemos. ¿Qué es el envejecimiento
sino este deterioro gradual de nuestro cuerpo con el tiempo?.
No sólo se reduce nues¬tra capacidad para correr o
nuestra sensibilidad auditiva, sino que aumenta también
la probabilidad de que desarrollemos enfermedades graves como
el cáncer o las patologías cardiovasculares.
Antes
de discutir las características del proceso de
envejecimiento, y las principales teorías para explicarlo,
es importan-. te distinguir entre envejecimiento fisiológico
y enfermedades relacionadas al envejecimiento.
A medida que envejecemos concurren dos fenómenos paralelos,
una declinación fisiológica normal y un aumento
en la prevalencia de ciertas enfermedades. Aunque estos procesos
se influencian entre sí, existe una declinación
fisiológica que es independiente del desarrollo de enfermedad.
El envejecimiento es un proceso continuo, heterogéneo,
universal, e irreversible que determina una pérdida progresiva
de la capacidad de adaptación. En los individuos mayores
sanos, muchas funciones fisiológicas se mantienen normales
en un estado basal, pero al ser sometidos a estrés (p.ej.
traumatismo, infección, pérdida del cónyuge...)
se revela la fra¬gilidad de este equilibrio y aparece la
enfermedad.
La enfermedad en la vejez presenta unas propiedades que la diferencian
significativamente de lo que ocurre en otras edades. Estas son:
La multicausalidad (son varias las causas), por la intervención
de distintas etiologías, tanto exógenas (externas)
como endógenas (internas).
La polipatología (son varias las enfermedades), ya que
son diversos sistemas y funciones los que están afectados
en la enfermedad. Al igual que en la etiología, se puede
distinguir uno principal y los demás subordinados. Es
constan¬te que los sistemas cognitivos y psíquicos
se vean siempre afectados.
La tendencia a la cronicidad, debido a la lentitud en la reparación
de las lesiones y de los trastornos funcionales, que no serán únicos,
sino siempre diversos.
El riesgo de invalidez, efecto de la dificultad de alcanzar
el grado óptimo de recuperación funcional en las últimas
fases de la enfermedad, siempre con afectación múltiple
de órganos y sistemas.
La opacidad semiológica y sintomática (poca claridad
en lo referente a los signos y síntomas), por el enmascara¬miento
de los signos y síntomas debido a la afectación
de múltiples órganos y sistemas.
La necesaria prudencia terapéutica obligada por la vulnerabilidad
de los ancianos, referida en este caso a la acción de
los fármacos y al habitual empleo de varios de ellos conjuntamente.
Una de las más frecuentes causas de compli¬caciones
en el anciano es la iatrogenia medicamentosa. . -
Debe señalarse que no existen enfermedades propias de
los ancianos, aunque buen número de ellas presentan mayor
pre¬valencia en esta edad y su expresión clínica
es distinta a la de otras edades.
Las enfermedades que poseen una más frecuente presentación
en los ancianos son las degenerativas, las tumorales, las infecciosas,
las autoinmunitarias, las disregulativas, las traumáticas
y las iatrogénicas.
Las degenerativas tienen por base principalmente la ateroesclerosis
y buena parte de las cardiocirculatorias pertenecen a este
grupo. Han cobrado gran importancia en las últimas décadas
las enfermedades degenerativas cerebrales. De ellas la enfermedad
de Alzheimer es la más conocida, aunque también
hay que citar entre ellas a la enfermedad de Parkinson.
Las enfermedades tumorales tienen una elevada incidencia en
los ancianos. Los cambios inmunitarios que se producen en esta
edad
pueden ser los responsables, en parte, de la pérdida de
efectividad en la vigilancia ante células alteradas. El
cáncer de pulmón es el más prevalente. Le
siguen el de colón, el de estómago, el de próstata,
el de mama, el de útero, el de vejiga, el de páncreas,
el de ovario y los de piel. .
La evolución de los tumores en los ancianos por lo general
suele ser de menor agresividad, con mayor lentitud en su cre¬cimiento.
Es común que se opte por un tratamiento conservador y
paliativo (únicamente disminuir los efectos dañinos,
por ejemplo, disminuir la intensidad de un dolor) aunque la decisión
se basará en criterios de edad, de situación previa
de salud y según las características de la neoplasia.
Son la tercera causa de muerte en la vejez, con una mortalidad
entre un 18 y un 20%.
Las enfermedades infecciosas se localizan principalmente en
el aparato respiratorio y en el urinario. Las neumonías son
los procesos infecciosos más graves que presentan los
mayores en el área respiratoria. Le siguen la gripe y
las bronqui¬tis. La tuberculosis tiene en esta edad una incidencia
baja, pero no debe olvidarse que es un proceso de muy difícil
diag¬nóstico y que sigue estando presente en la patología
del anciano.
La infección urinaria aparece muy a menudo en la vejez
favorecida, entre otras, por las patologías prostáticas
o vesica¬les. La infección de las úlceras de
presión es otro proceso común en los ancianos.
Otra infección que aparece más en esta que en otras épocas
de la vida, es el herpes zóster. Como causa de muerte
las infecciones pueden alcanzar, según las esta¬dísticas,
hasta el 35%.
Por
aparatos los cuadros patológicos que más
a menudo aparecen en el anciano son:
-
Aparato
digestivo: reflujo gastroesofágico, ulcera gás[roduodenal,
colecistopatía calculosa, colecistitis
y cáncer
de colon.
-
Aparato
respiratorio: neumonía,
gripe, bronquitis crónica,
enfisema, EPOC y cáncer de pulmón.
-
Aparato
cardiocirculatorio: infarto de miocardio,
angina de pecho, insuficiencia
cardíaca, enfermedad embólica,
hipertensión, hipotensión
ortostática, arteriosclerosis
obliterante, tromboflebitie y síndrome
varicoso.
-
Sistema
nervioso: enfermedad de Alzheimer, enfermedad de Parkinson,
ictus cerebrales
con hemiplejías, epilepsia
y neuropatías
periféricas.
-
Aparato
sensorial: cataratas, glaucoma, sordera y
síndrome
vertiginoso.
-
Aparato
urinario: hiperplasia prostática,
incontinencia urinaria,
infecciones urinarias,
cáncer de próstata,
litiasis uri¬naria,
cáncer
de vejiga e insuficiencia
renal.
-
Sistema
osteoarticular: artrosis, fracturas, osteoporosis,
artritis
metabólicas,
enfermedad de Paget.
-
Enfermedades
endocrinas
y metabólicas:
diabetes mellitus,
hipotiroidismo,
deshidratación,
hipokalemia, obesidad
y malnutrición.
-
Sistema
psíquico:
depresión,
ansiedad y síndromes
delirantes.
Según la evolución,
la enfermedad en el anciano, al igual que en otras edades,
puede clasificarse en:
-
Enfermedad
aguda, de corta duración, con un incremento
en sus atenciones, y que dará lugar, en ocasiones,
al inter¬namiento hospitalario.
-
Enfermedad
crónica,
de larga duración, con curso
estable o con frecuentes descompensaciones. Algunas
de estas enfermedades se convierten en invalidantes,
con reducción
o pérdida de las capacidades para la movilización
o el cui¬dado personal. Son numerosas en
esta edad, y precisan de un prolongado esfuerzo
asistencial.
-
Enfermedad
terminal, de naturaleza irreversible,
con previsible corto final, aunque a veces
prolongado. Son
enfermedades
que obligan a planteamientos asistenciales
específicos,
tanto en los domicilios y residencias como en los
hospitales.
Dentro
de una determinada especie, la longevidad final de cada individuo
no sólo depende de sus genes, sino en gran medida
del ambiente (la alimentación, la exposición a
sustancias tóxicas y agentes infecciosos, el estilo de
vida, etc.). De hecho, los distintos estudios genéticos
coinciden en afirmar que la heredabilidad de la longevidad entre
individuos huma¬nos no supera el 25%, en contra de lo que
comúnmente se cree. Por todo ello será básica
una correcta prevención.
La terapéutica preventiva ha de cimentarse en la eliminación
o reducción de los factores de riesgo en la ancianidad.
Estos pueden estar presentes en la edad previa a la vejez o en
la vejez misma. Su actuación será distinta conforme
sea el tramo de edad que se considere. Así, a partir de
los ochenta, se muestran con más importancia los factores
de riesgo de las caídas, que los cardiovasculares.
Prepararse para una vejez satisfactoria donde se pueda vivir
el mayor tiempo posible con autonomía y disfrutando de
la edad, lleva aparejado una alimentación sana, una actividad
física adecuada a cada circunstancia, un entretenimiento
y dis¬tracción útiles, un control de patologías
de riesgo y una corrección de hábitos nocivos,
como el fumar o el abuso del alco¬hol. Todas ellas son medidas
generales de promoción de salud que han de ser recomendadas
siempre; y cuanto antes se comiencen a aplicar, mejor.
Debemos cambiar el hábito de preocupamos únicamente
por nuestra salud cuando enfermamos, por una «preocupación
saludable» que incluya una prevención precoz.
Escrito
elaborado por Mikel García Iturrioz
Solgar España
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