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ENVEJECIMIENTO
Y CALIDAD DE VIDA
DIETA
Y LONGEVIDAD
El abanico de dietas en el ser humano actual muestra una
gran variedad en las formas de alimentación, desde
las dietas ricas en carne y pescado de los esquimales
hasta la dieta estrictamente
vegetariana de algunos grupos del subcontinente indio,
pasando por todas las combinaciones imaginables.
Las dietas vegetarianas en sí mismas varían
en gran medida, y se distinguen distintas definiciones
dependiendo
del tipo de dieta vegetariana:
Frugívora: consistente en frutos secos o frescos,
semillas, aceite vegetal y, en algunos casos, miel.
Vegana o vegetariana estricta (pura): dieta basada
estrictamente en vegetales y frutos, sin ningún
producto de origen animal.
Lacto vegetariana: dieta basada en vegetales, frutos
y productos lácteos.
Ovo-lacto vegetariana: dieta basada en vegetales
y frutos, junto con productos lácteos, huevos
y sus derivados.
Los motivos que llevan a restringir o evitar voluntariamente
productos procedentes de animales son principalmente éticos,
filosóficos, religiosos, culturales y/o por
motivos de salud. Además, hoy en día,
la mayor parte de la población mundial, particularmente
en el tercer mundo, se alimenta exclusivamente o
casi exclusivamente con una dieta
vegetariana, debido a que no pueden conseguir fácilmente
productos procedentes de animales mientras que verduras,
frutos secos, semillas y fruta fresca es todo lo
que tienen a su alcance.
Sin embargo, mucha de esta población, que vive a base
de una dieta muy frugal, muestra un marcado nivel
de actividad física y capacidad de rendimiento. Estas
sociedades, con frecuencia muy longevas, ejemplifican sin lugar
a dudas muchos
de los principios que los gerontólogos han
descubierto a lo largo de décadas. Echemos
un vistazo a algunos aspectos de sus estilos de vida.
Dietas en poblaciones longevas
Un ejemplo es el basado en las observaciones hechas en 1970
por Sula Benet, profesora de antropología, que publicó tras
su viaje a Abcasia (región de la Georgia rusa): «No
hace mucho, en la aldea de Tanush en Abcasia, república
de la anti¬gua Unión Soviética, levanté mi
copa de vino para brindar con un hombre que no parecía
mayor de 70 años. Ojalá vivas más que
Moisés (120 años), le dije, no le agradó el
comentario, tenía 119 años».
En lo que respecta a salud y forma física la Dra. Benet
observó que estas gentes, en general, disfrutan de muy
buena visión y la mayoría de ellos conservan
su propia dentadura, su postura es extraordinariamente
erguida,
incluso en aquellas personas de edad avanzada. Muchos de
ellos de 70 años y más mayores hacen paseos de
varios kilómetros al día y nadan en arroyos de
montaña.
Estudios llevados a cabo por investigadores soviéticos
y extranjeros muestran que, en general, signos de aterosclerosis,
de haberlos, se dan solamente en personas de edad muy avanzada.
Según un estudio llevado a cabo durante 9 años
sobre 123 Abcasios de 100 años de edad, no se dieron casos
de enfermedades mentales o cáncer. Una alimentación
excesiva es considerada peligrosa en Abcasia, y a las personas
obesas se las considera enfermas.
La dieta de los Abcasios contiene muy poca carne, quizá una
o dos veces por semana. En cada una de sus tres comidas diarias
comen abista, un alimento hecho con maíz cocido en agua
y machacado, sin sal, que se toma como sustituto del pan. La
manera de comerlo es templado, acompañado de trozos de
queso de cabra casero. También consumen uno o dos vasos
al día de matzoni, leche agria, parecida al kéfir.
Los demás alimentos básicos en la dicta diaria
de la población de Abcasia son fruta fresca, especialmente
uvas, verdura fresca, incluida la cebolla, el tomate, el pepino
y el repollo, una gran variedad de verduras en conserva y judías
verdes cocidas lentamente durante horas, machacadas y servidas
con salsa de cebolla, pimientos, ajos, jugo de granada
y pimienta. Grandes cantidades de ajo están siempre al alcance. Consumen
agua de manantiales para cocinar y para beber. No beben ni café ni
té, pero consumen en pequeñas cantidades un vino
tinto seco de baja graduación alcohólica fabricado
por ellos mismos. El azúcar no figura en su dieta, aunque
si consumen miel de producción local.
Otro antropólogo que describe los valores de una dieta
frugal y un estilo de vida activo como el estudiado en
las poblaciones longevas del Cáucaso (los Abcasios), en
la zona del Karakorun en la región de Cachemira en los Himalayas pakistanies
(los Hunzas) y en los Andes (los Vilcabamba) es Alexander
Leaf, profesor de medicina clínica en la Escuela Médica
de Harvard quien dice en su libro titulado «Youth in Old
Age» («Joven en la Edad Avanzada»):
«
Lo más importante, los buenos hábitos alimenticios
deben establecerse a una temprana edad... y el ejercicio
de resistencia es más que beneficioso...; aunque personalmente no puedo
ofrecer una fórmula garantizada de cómo conseguir
una larga, vigorosa y saludable vida sí puedo compartir
con vosotros los consejos que recibí de Markhti Targil,
de 104 años de edad, de Duripshi en Abcasia. Markhti me
comentó que todas las mañanas desde que tiene memoria,
camina monta¬ña abajo para bañarse en las heladas
aguas de los rápidos arroyos de montaña. Después
de vestirse, sube de vuelta a su casa. Seguramente si Markhti
hace eso todos los días tiene que estar demasiado en forma
para morir».
Es
significativo que los abcasios carecen de una palabra para
definir el concepto «viejo». En su lugar, hablan
de gente «de larga vida». La diferencia es de matiz
pero notable; se desplaza la importancia hacia algo positivo.
La edad se con¬sidera como un logro que los demás
respetan y es fuente de orgullo.
«
Además de a Dios, necesitamos a los ancianos del pueblo».
(Antiguo proverbio abcasio)
En una investigación realizada sobre la población
longeva de Hunza, el Dr. Magsood Ali, nutricionista Pakistaní,
encontró que su dieta casi vegetariana tenía
un bajo consumo calórico de 1.923 calorías, con
50 gramos de proteínas, 36 gramos de grasa y
354 gramos de hidratos de carbono; la carne y los productos
lácteos
constituyen solo el 1'S % del total.
Cifras similares han sido publicadas por el Dr. Guillermo
Vela, de Quito, que encontró un consumo calórico
asombrosamente bajo entre los ancianos de Vilcabamba.
Este es un pequeño
pueblo situado en la zona sur de los Andes ecuatorianos.
Vilca significa «sagrado» y bamba «valle» en
quechua, lengua utilizada antiguamente por los indios habitantes
del valle. La dieta diaria media proporcionaba 1.200 calorías,
con 35 gramos de proteína, de 12 a 19 gramos de grasa
y de 200 a 260 gramos de hidratos de carbono. Las proteínas
y las grasas eran, en su mayor parte, de origen vegetal. Los
alimentos principales incluyen el maíz, la yuca, las patatas,
las alubias, el requesón (de leche de vaca y/o de cabra),
el trigo, la calabaza, además de plantas silvestres y
frutas cítricas, así como algunos peces de río.
Sólo comen carne en ocasiones muy contadas.
La dieta de los Hunzas esta principalmente basada en
cereales (trigo, cebada y alfalfa), hortalizas de hoja
verde (lechuga,
espinaca), vegetales de raíz (zanahorias, nabos, patatas
y rábanos), alubias, garbanzos y otras legumbres tales
como lentejas y legumbres germinadas. Forman también parte
de su dieta, el calabacín, la calabaza y abundante
queso fresco; entre las frutas figuran principalmente
los albaricoques
y las frutas silvestres, ya sean frescas o pasas, y
la carne la comen en muy raras ocasiones.
Sin embargo, informes científicos bien documentados han
refutado muchas de las afirmaciones sobre su mayor
longevidad. En concreto al estudiar las partidas de nacimiento
de los Vilcabamba, parece que han existido cosiderables
exageraciones con respecto
a la edad. El motivo parece ser que en estas sociedades
el nivel social aumenta con la edad.
Asimismo, en la región de Georgia, en Rusia, se ha detectado
que era común que un hijo asumiera, en los registros
civiles, tanto el nombre de su padre como su edad,
con el fin
de evitar el servicio militar.
En el caso de los Hunzas no se dispone de ningún registro
escrito, lo cual hace aún más complicada la verificación
de las edades.
A pesar de toda esta controversia podemos afirmar,
sin temor a equivocamos y sin basamos unicamente en
leyendas
románticas,
que los habitantes de dichos pueblos gozan de un vigor
y una salud extraordinaria, así como que gran
número
de ellos alcanzan edades centenarias.
Pero quizás lo más importante es la baja incidencia
de enfermedadaes crónicas en dichas sociedades,
lo que les permite disfrutar de una buena calidad de
vida a pesar
de su longevidad.
Dicho estatus de salud cambia radicalmente, según los
estudios, cuando los habitantes de estos pueblos deciden ir a
vivir a otro nucleo de población y se integran en sus
costumbres de alimentación, actividad, etc.
Por lo tanto, podemos afirmar que su longevidad no
estaría unicamente
determinada por sus características genéticas.
¿Qué conclusiones sacamos de estos
estudios sobre estas tres culturas de población
longeva, situadas a gran altitud, con relación a
la dieta y a la actividad física?
Tienen en común una dieta frugal, semi-vegetariana, baja
en calorías (consumen casi un 1/3 menos de calorías
que, por ejemplo, un norteamericano medio) y muy cercana
a la tierra, de la cual extraen la mayor parte de los
alimentos que
consumen sin demasiados procesos de refinado, baja
en grasas y con proteínas principalmente de origen vegetal.
Otro factor que contribuye en gran medida a la salud
y forma física de estas poblaciones es, sin
lugar a dudas, la práctica habitual de ejercicio físico.
La actividad agrícola tradicional y las tareas
del hogar suponen un duro esfuerzo del que todos participan
desde su más tiema
infancia hasta la vejez. Pero es sin duda el terreno
montañoso
el que supone un ejercicio físico añadido.
Simplemente atravesar las montañas a pie durante
días
conlleva un alto grado de ejercicio cardiovascular,
así como
un gran fortalecimiento muscular.
Restricción alimentaria
Cuando a los roedores de laboratorio se les restringe
el alimento, de modo que ingieran sólo un 60% de las calorías
que tomarían según su apetito si se les ofreciesen
de forma ilimitada, su longevidad máxima aumenta
entre un 20 y un 40%.
¿
Cómo explicar esta mayor longevidad?
Cabría aducir la responsabilidad de uno de los componentes
principales de alimento. No obstante, si se restringen sólo
las grasas, por ejemplo, en el mejor de los casos sólo
se incrementa moderadamente la longevidad.
Una segunda hipótesis, dado que lo importante es, visiblemente,
la cantidad de calorías, es que los animales
subalimentados consumen menos energía que los animales alimentados hasta
la saciedad. Parece ser que el organismo mantiene una tasa metabólica
constante ajustando su peso corporal al alimento disponible.
La tercera hipótesis se basa en la teoría de los
radicales libres formulada por primera vez en los años
cincuenta por el norteamericano Denham Harman. Algunos
investigadores se han preguntado por la posibilidad
de que los animales subalimentados
sufran menos ataques de estas moléculas oxidantes, tóxicas
para las células.
La última hipótesis es que la restricción
calórica sería entendida como una agresión
del medio, es decir, un estrés al que debe reaccionar
el organismo. Se sabe desde hace tiempo que la exposición
a un pequeño estrés, por ejemplo a un choque
térmico no letal, conlleva posteriormente una mayor resistencia
a un estrés fuerte: es el fenómeno de «aclimatación».
El hecho es que se considera aceptado hoy en día que la
restricción calórica consigue aumentar la longevidad
máxima, debido a que disminuye la velocidad del proceso
intrínseco del envejecimiento, a la vez que retrasa el
momento de apa¬rición de un gran número de
enfermedades degenerativas, incluyendo la mayoría de los
cánceres. Esto no quiere decir que los humanos debamos «matarnos
de hambre».
La idea básica sería conseguir una dieta con la
concentración de nutrientes necesaria pero ajustando las
calorías consumidas al gasto individual. Obviamente
dicho gasto será distinto, por ejemplo, en un joven que
en un anciano, en una per¬sona sedentaria que en un deportista.
La dieta mediterránea
Tanto en lo referente al tipo de alimentación como a la
cantidad ingerida, nuestra tan popular y querida dieta mediterránea
no difiere mucho de los principios considerados como saludables,
anteriormente mencionados. Además, cada día que
pasa aparecen más estudios científicos que
corroboran las virtudes saludables (p.ej. cardioprotectora)
de la dieta
mediterránea tradicional.
A continuación transcribo la denominada Declaración
de Barcelona sobre la Dieta Mediterránea:
Durante la realización del 1er Congreso de la Dieta Mediterránea
de Barcelona en el año 1996 se proclama en el Excmo. Ayuntamiento
de Barcelona la Declaración de Barcelona sobre la Dieta
Mediterránea, firmada por: - FAO.
- Excmo. Ayuntamiento de Barcelona.
- Ministerio de Agricultura del Gobierno Español.
- Fundación Para el Desarrollo de la Dieta Mediterránea. A
esta Declaración se han ido posteriormente adhiriendo
otras ciudades e instituciones.
Considerando que la Dieta Mediterránea es la que se manifiesta
en forma de los saludables hábitos alimentarios
tradicionales de las gentes que han poblado durante miles
de años la
Cuenca Mediterránea;
Considerando que el estado actual de los conocimientos médicos
y nutricionales proporciona una clara evidencia de que los hábitos
alimentarios de la Dieta Mediterránea tradicional son
beneficiosos para la salud;
Considerando que a la luz de los conocimientos actuales de
las ciencias que tratan los recursos naturales, se confirman
el carácter
sostenible medioambiental y agrícola de los sistemas de
cultivo tradicionales de la Cuenca Mediterránea;
Considerando que las cualidades culinarias de las diversas
cocinas del Mediterráneo son conocidas y apreciadas en todos los
lugares del planeta, por su buen paladar y su sencillez de preparación;
Considerando la Declaración de Barcelona: «Los Derechos
Alimentarios del Hombre», avalada por la FAO, elaborada
bajo la presidencia de S.M. Don Juan Carlos I, Rey de España,
y proclamada en Barcelona (Alimentaria) en Marzo de 1992;
Considerando que el creciente interés internacional en
la saludable Dieta Mediterránea tradicional, justifica
la proclama¬ción de una declaración respecto
a sus características:
Proclamamos que: 1. Todo ser humano tiene
derecho a una alimentación suficiente
y saludable.
2. La comunidad médica y nutricional ha llegado a un consenso
internacional sobre la bondad de la Dieta Mediterránea
tradicional.
3. Este consenso revela que, la saludable Dieta Mediterránea
tradicional contribuye a disminuir el riesgo de padecer patologías
crónicas como son las enfermedades del corazón,
el cáncer, la obesidad y la diabetes, que afectan
a sectores importantes de las sociedades desarrolladas.
4. Son características esenciales de la Dieta Mediterránea
tradicional el consumo abundante de cereales y sus derivados
(pasta, pan y arroz), legumbres, frotas, frutos secos, verduras
y hortalizas, con menores cantidades de pescado, aves, huevos
y derivados lácteos y aún menores porciones
de carnes. Estos alimentos se condimentan habitualmente con
aceite de oliva y se acompañan de un consumo moderado
de vino con la comida. Todo ello según costumbres, hábitos
y creencias religiosas.
5. Una actividad física regular es una característica
de la forma de vida Mediterránea y un complemento importante
de la saludable Dieta Mediterránea tradicional.
6. La preservación de los hábitos alimentarios
y usos agrícolas tradicionales refuerza la diversidad
cultural y biológica, esencial para la salud de la
Tierra y sus habitantes.
7. La dieta Mediterránea tradicional posee cualidades
históricas y culturales específicas que han de
ser preservadas, por su valor intrínseco para las generaciones
futuras, con la misma intensidad que la que se aplica a otros
símbolos culturales.
8. Los niños tienen derecho a ser educados desde la primera
infancia sobre los pincipios de la nutrición, los alimentos,
las formas culinarias y sobre el impacto que sus preferencias
alimentarias tienen en su propia salud y en el medio ambiente.
9. La comunidad internacional, los organismos internacionales,
los gobiernos y los poderes públicos deben reconocer el
papel de la saludable Dieta Mediterránea tradicional mediante
la promoción de los principios contenidos en esta Declaración
y deben, por todos los medios a su alcance, alentar a todas las
instituciones públicas y privadas para que se aseguren
de que las características de la saludable Dieta Mediterránea
tradicional se incluyan en todas las reco¬mendaciones dietéticas
dirigidas a la población.
10. Esta Declaración sobre la Dieta Mediterránea
tradicional se incorpora a los principios de la Declaración
de Barcelona: «Los Derechos Alimentarios del Hombre» FAO-Alimentaria,
1992.
Escrito
elaborado por Mikel García Iturrioz
Solgar España
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