Algunos
agricultores temen el rechazo de la industria alimentaria porque
los transgénicos
pueden contaminar otras cosechas EE.UU. y Argentina, primeros productores LA VANGUARDIA - 04/02/2004 Mientras tanto, en todo el mundo, los cultivos biotecnológicos (maíz, soja y algodón, sobre todo) aumentaron en el 2003 un 15% con relación al año anterior, hasta alcanzar los 67,7 millones de hectáreas, según informó recientemente el Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agro-biotecnológicas. Seis países absorben el 99% de estos cultivos: Estados Unidos (63%), Argentina (21%), Canadá (6%), Brasil (4%), China (4%) y Sudáfrica (1%). En Europa, además, Alemania tiene una pequeña superficie de maíz Bt; Bulgaria cultiva unos pocos miles de hectáreas de maíz tolerante a herbicidas, y Rumania tiene 70.000 hectáreas de soja, que se importa y se comercializa también en España y se consume en la Unión Europea. La expansión de los transgénicos se produce en España pese al frenazo impuesto por la UE, en donde rige una prohibición temporal o moratoria de facto desde 1998 que impide que se aprueben nuevos genes para ser incorporados a las semillas (OMG). En cambio, sí se puede autorizar semillas con genes ya autorizados con anterioridad. España, no obstante, es uno de los países que más pugnan por levantar la actual moratoria, considerando que la UE ya ha creado el marco legal para regular su utilización y prevenir los impactos sobre el medio ambiente (directivas sobre etiquetado, trazabilidad y demás), que era la condición que se autoimpuso la Comisión de la UE antes de dar luz verde a nuevos OMG –aunque algunas naciones y los ecologistas mantienen puesto el freno–. La
UE, sin embargo, está a punto de levantar la moratoria para
autorizar un nuevo maíz modificado (el Bt 11). Pero todo indica
que la previsión es autorizar sólo el registro para la
importación y su uso en alimentación, pero no en la siembra. “Lo
más importante es que no se siembre, porque es precisamente
la siembra la que contamina el medio ambiente”, dice Juan Felipe
Carrasco, de Greenpeace. Esta organización lidera la protesta
contra la autorización del maíz Bt 11 por juzgar que “se
han detectado problemas en su genética y han aparecido trocitos
de otro gen que no debería estar, por lo que su acción
en el medio ambiente se desconoce”, según explica Carrasco. |