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ALFALFA
Según
los historiadores de la botánica, la alfalfa es originaria
de Oriente Medio. De allí se extendió en la más
remota antigüedad por toda la zona mediterránea y desde
aquí se ha difundido por el resto del mundo. Ya en el siglo
V antes de nuestra era, persas y griegos cultivaban esta leguminosa
para forraje de sus caballerías. Hoy en día la alfalfa
sigue siendo una de las plantas forrajeras más importantes. Lamentablemente muchos piensan que es sólo para las caballerías. Como sucede con tantos vegetales, el hecho de haberse dedicado preferentemente a la alimentación del ganado, ha conducido a que la alfalfa sea despreciada para la nutrición humana. Hecho, desde luego, muy de lamentar, pues su contenido vitamínico y mineral es de los más altos que conocemos. Composición y propiedades Su
composición es muy compleja, pero sobre todo destaca por su
riqueza en minerales y vitaminas. Junto con las espinacas y las zanahorias,
son las hortalizas de uso común que mayor contenido de provitamina
A. Además también se han hallado las vitaminas siguientes:
B6, ácido pantoténico, biotina o vitamina H, ácido
fólico y inositol. También es rica en potasio, sodio,
azufre, magnesio y contiene los oligoelementos cobre y boro.
Una
buena forma de consumir la alfalfa es en forma de jugo fresco. Con
los brotes tiernos crudos se pueden acompañar ensaladas y
platos crudos. La hojas trituradas y hervidas proporcionan una bebida
refrescante tras mezclarlas con limón y miel. Se calcula una
cucharada sopera muy llena de hojas por vaso de agua y dos cucharaditas
de miel. En las enfermedades renales y vesiculares, y en los días
de ayuno, es conveniente tomar esta bebida durante todo un día,
llegando a consumir en total de un litro a un litro y medio. |