Cataño
(Castanea
sativa)
Descripción:
Árbol de gran porte que llega a alcanzar hasta veinte metros de
altura. Crece en las tierras no calizas de la zona norte y oeste de la
península, beneficiándose del clima de esa zona. Fue introducido
por los romanos aunque se supone que es originario de Asia menor.
Las hojas caen en invierno y tienen una forma grande y alargada; pueden
medir hasta 15 centímetros de largo. Se encuentra profundamente
dentado en todo su perímetro, pudiendo observarse fácilmente
los nervios en el envés, que se distribuyen desde el nervio central
hacia los extremos de la hoja, siendo su discurrir de forma paralela.
Las hojas son coriáceas y presentan un color muy oscuro en la
parte del haz.
Aplicación:
Las hojas del castaño presentan sustancias tánicas, sacarosa,
glucosa, materias grasas y pectinas. En la corteza existe gran cantidad
de ácido tánico, que puede suponer hasta el 16%, según
la edad del árbol. Tanto la corteza como el leño y las
hojas son astringentes, por lo que su empleo es válido para combatir
diarreas y también como antiinflamatorio de la garganta mediante
la práctica de enjuagues.
La castaña fresca contiene un 50% de agua. La castaña seca
o pilonga tiene un 30% de fécula, un 10% de glucosa, así como
dextrinas y albuminoides.
Administración:
.- Decocción. Se añaden 60 gramos de corteza y hojas de castaño
sobre un litro de agua, llevándola hasta ebullición durante quince
minutos; tras un filtrado, el líquido obtenido se puede endulzar con
sacarina, constituyendo un remedio útil para diarreas leves. Se pueden
tomar hasta cuatro tazas diarias. También este líquido se emplea
para efectuar enjuagues y gárgaras, por su efecto antiinflamatorio.
Floración y
recolección:
La floración se produce en los meses de mayo y junio, y fructifica
en octubre.
Las flores son pequeñas. Las masculinas son muy pequeñas
y se desarrollan a lo largo de un eje que nace de las axilas de las ramas.
Las femeninas se agrupan en número de tres, naciendo al pie del
ramillete de las flores masculinas.
El fruto, tan conocido por todos, es la clásica castaña.
Se encuentran agrupadas de tres en tres, rodeadas por una especie de
funda que cuenta con numerosas púas. El fruto en sí presenta
dos caras bien diferenciadas: una de ellas es plana, mientras que la
otra es convexa. Cada una de las semillas está recubierta por
una piel de color pardo rojizo, brillante por fuera, con una cierta vellosidad
en su parte interna. En su interior encontramos la castaña, recubierta
por una segunda piel muy fina, difícil de separar, y que le confiere
un cierto sabor amargo.